Sobre las mentiras

Soy un mentiroso. Por instinto, cultura, o como algo propio e intrínseco del ser humano, todos somos mentirosos. Cada uno miente de una forma, a determinadas personas, y en determinados momentos, pero no reconocer que mentimos sería la primera gran mentira. Sin embargo, juzgar todos los embustes de la misma forma sería algo delicados.

Seguramente algunos habréis leído libros de psicología sobre la mentira. Esto es una reflexión personal, luego puedo coincidir o discrepar con la opinión de aquella gente. Sea como sea, esta es mi opinión.

Creo que las mentiras pueden ser piadosas, como comúnmente se le denominan. Aunque creo que generalmente no es piadosa para el que se le oculta la información (suele ser siempre de este tipo, el no decir algo, o decir lo contrario a la realidad para ocultar algo malo). Creo que más bien se pretende evitar el efecto mensajero: para un médico que diagnostica un cáncer antes de que diera síntomas, el médico ha sido el que les ha puesto en esa situación, e, involuntariamente, se rechaza a esa persona, que probablemente esté salvándote la vida. Quizás no es el mejor ejemplo, pero sí el más catastrófico en caso de omisión de la verdad.

Hay otro tipo de mentira que es la autocomplaciente. Es la más común, a mi juicio, en parte porque la mayoría del tiempo es inconsciente. Muchas veces el simple paso del tiempo difumina el recuerdo y llenas los vacíos con las palabras convenientes con tu estado de ánimo actual. O sencillamente exageras una buena situación para hacerla aún más increíble.

Está la mentira puntual, que es mucho más discutida, porque muchas veces puede ser mentira o simple desinformación. Otras veces se basa en elucubraciones y pensamientos concretos que se expresan de forma demasiado categórica, muchas veces una exageración. Es una mentira, a mi juicio, poco ofensiva si no se pretende defender a capa y espada y se está dispuesto a recular, pero muy peligrosa si se toma al pie de la letra. Es el origen de los fanatismos e idealismos.

Y luego viene una forma de mentira especial que, personalmente, no la soporto. Y esa es la hipocresía. La hipocresía, a su vez, no debe confundirse con esta previa que os he mencionado. A fin de cuentas, puedes ser inconsecuente con tus palabras cuando has exagerado en un tema en concreto, o puedes ser inconsecuente cuando estás desinformado o no has meditado demasiado una elucubración. Sí, pierdes credibilidad y es harto probable que en medio de un debate te suponga que un orador agresivo se encasille en tu error, pero no sigue siendo más que un error puntual.

La hipocresía de la que yo hablo es mucho más profunda. Y generalmente viene también en esos debates. Por encima de todas estas mentiras, por encima del autoconvencimiento, está la actitud. No es lo mismo decir con voz seria y serena “Soy Diamante en el League of Legends” cuando realmente eres bronce a vivir diciendo: “Bah, eres muy malo, no deberías jugar al League of Legends” con tono jocoso en la misma situación. El primero es una mentira puntual. Puede que una broma. El segundo es una actitud intrínseca. Y si pongo el ejemplo del videojuego (que sé que no es precisamente el más preciso) es porque no quiero entrar en el debate político, donde estas están a la orden del día. En una actitud pedante, teniendo a dar por imbécil a quien defiende ideas diferentes a las tuyas y sorprendiéndote en contradicciones internas con esa defensa tuya.

Esa hipocresía, la real, la profunda, es superior a mí. A mí, que precisamente peco de mentiroso hasta en lo que pretendo que sea mi oficio en el futuro. A mí, que hablo en mis novelas como si fuera un mago, como si la magia fluyera en mis venas. A mí, que la mentira forma parte de  mi vida casi tanto como respirar. No quiero pensar en lo que le dolerán esas mentiras a quienes no viven de ellas.

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