Notas sobre la corrección

Si alguno de los que me está leyendo en el blog, está de hecho leyendo el borrador, a lo mejor podría estar interesado en recibir la primera parte de nuevo.

Sé que es una extraña forma de anunciarlo, pero he terminado de corregir, oficialmente, la primera parte del libro. Entiendo que se me hayan podido pasar algunos errores y que otras expresiones no sean tan correctas como deben, pero, quizás por mi impaciencia natural, mis ansias, u otros tantos motivos, la verdad es que creo que voy a dejarlo como está, excepto correcciones puntuales que los que estén leyendo el libro me comentéis.

Dicho lo cual, si alguno quiere que le reenvíe la primera parte, o quiere darme sus anotaciones sobre la primera parte, es el momento.

Muchas gracias, por anticipado, a todos mis lectores.

Reflexión sobre el trabajo

Ayer vi un vídeo con una corta reflexión sobre el trabajo y el tiempo libre, y la verdad es que me dio mucho que pensar. Probablemente, mis pensamientos no fueron con la línea de la autora del vídeo, la cual se quejaba sobre que ya no tenía tiempo libre, y que no quería que su vida se perdiera entre los muros de una oficina.

El trabajo es una constante relación amor-odio con el trabajador. No seré yo quien ilustre ahora sobre el tema. Pero creo que la forma en la que lo plantea la autora del vídeo (que aquí adjunto), especialmente con esa última frase (la misma que se aprecia en la portada del vídeo) es una reflexión interesante.

En primer lugar, porque crea un interesante juego de palabras. El problema de los juegos de palabras es que las palabras, valga la redundancia, tienen muchas veces más de un significado, especialmente en esto de las expresiones. Y precisamente, es ese juego de doble significados en el que yo (después de toda esta tediosa introducción) quiero entrar.

¿Qué queremos decir exactamente con perdernos la vida? ¿La vida se pierde? ¿El hecho de que alguien se dedique a trabajar, con todo lo que implica el trabajo, ya conlleva el hecho de perder la vida? Pues sinceramente, creo que no. Creo que hemos mal incorporado a nuestra lengua la expresión de “vivir la vida” o “sentirse vivo” y, como decía un ingenioso tweet que leí hace tiempo, ahora resulta que vivir la vida consiste, precisamente, en ponerla al borde de la muerte.

No nos confundamos. Somos individuos, sí, pensantes e independientes en nuestros pensamientos. Al menos, lo suficientemente independientes como para pensar que lo somos. Hay algunos psicólogos sociales que tienen más de un argumento para rebatir esto, pero dejémoslo por válido ahora mismo. Pero no somos autosuficientes, no nos engañemos tampoco. Por eso tenemos que “ganarnos la vida”.

Y es que esta expresión me gusta muchísimo más. En primer lugar, porque plantea la vida (y me refiero a la vida humana) como algo por lo que hay que pelear, por lo que merece, por sí solo, seguir adelante. Porque cuando alguien se gana la vida, tal y como la plantea, aporta algo a la sociedad que, lo queramos ver o no, es la que nos mantiene con vida. Te ganas el dinero que puedes utilizar en alimento, cobijo, ocio, entretenimiento… incluso en reproducción.

Y con esto en mente, partiendo de que la vida no es solo un regalo, sino una responsabilidad, sí, tenemos que ganarnos la vida. Yo, con suerte, espero ganarme la vida entreteniendo a los demás con mis relatos. Pero lo más probable es que no sea así. Lo más probable es que, al igual que la persona del vídeo, me “pierda la vida” en el proceso. Lo más probable es que me “pierda” el amor, el odio, la envidia, el cariño, el recelo, el viento sobre mi cara, el frío del invierno, la sed en el verano, la alegría de la sonrisa de los niños.

No nos confundamos. Muchas veces nos perdemos en los relatos, las historias de héroes, de detectives oscuros o de asesinos despiadados, pero la vida que tenemos ante nosotros es mucho más compleja que todo eso. Y sí, la mayoría de los humanos pasaremos la jornada laboral entre ordenadores, camiones, tractores, etc., pero no nos olvidemos que eso también forma parte de la vida.

Así que, como un mensaje a la autora del vídeo (aunque dudo mucho que lo lea), reflexiona sinceramente sobre tu vida. Piensa en cuánto te quejabas cuando pisabas las aulas del colegio y cuánto lo añoras ahora. Piensa en lo difícil que parecía lo que estudiabas en el instituto y lo sencillo que parece ahora. Piensa en los nervios antes de la selectividad, y el mero trámite que parece ahora.

Yo, sinceramente, lo único que veo es que falta un motivo para regresar a casa con una sonrisa. Que el problema no está en el trabajo, sino en que no sabes qué hacer después.

Idea, desarrollo y creatividad

Esta va a ser una entrada algo atrevida, sobre todo teniendo en cuenta que yo solo soy una persona que ha escrito un libro, no soy casi ni escritor, y mucho menos un experto en estos temas, pero llevaba un tiempo viendo varias series y animes y me he estado planteando seriamente en cómo se plantea el proceso creativo de una historia.

En primer lugar, se puede decir que está la idea. No siempre es así, sinceramente. A veces no es una idea sino un desarrollo de un pensamiento. Explico la diferencia: a veces más que una historia, un suceso que quieras narrar (en mi caso) no viene a la mente, sino que tienes una reflexión que te gustaría plantearla en forma de diálogo (insisto, en mi ejemplo) una reflexión como podría ser esta u otras tantas que se le puede ocurrir a una persona. Pero generalmente, lo primero es una idea.

Cuando hablo de idea lo digo en un concepto amplio: es decir, no tiene por qué ser una historia estructurada o coordinada, puede ser una evento, como por ejemplo, cómo se imagina uno una batalla, o una idea en el concepto más concreto: como es en el caso de los juegos del hambre; la idea fundamental es la arena de 24 participantes en un combate a muerte.

Luego está el desarrollo. Y cuando hablo del desarrollo no me refiero a la mayoría de la historia. Bueno, en verdad sí, pero siempre desde una expansión de la idea. Curiosamente, y a mi juicio, demasiadas buenas historias se pierden en el desarrollo. En el caso de los juegos del hambre, por ejemplo, implica toda la ambientación en torno a la arena en sí, y los sucesos del segundo y tercer libro. El problema está en que muchas veces, la idea es tan intensa, tan firme y tan fuerte, que al intentar desarrollarlo se queda corto, o quizás no se deja que la idea madure lo suficiente como para expandirla con calma. Yo espero que eso no sea lo que me haya sucedido a mí.

Por otra parte, dentro de lo que es el desarrollo, la forma de contarlo también interviene, por supuesto. Sin embargo eso suele ser más bien dependiente del autor, y, como tal, no suele “tocar” la historia, y también suele ser lo más lector-dependiente. Muchas veces, en el caso de la literatura, una palabra, una frase, puede ser lo que te introduzca o te expulse del universo. En el caso de Harry Potter, tanto deslizarse por los pasillos y por las escaleras, sinceramente, me hacía pensar que en Howgarts el patinaje era el verdadero deporte oficial.

Y por último, la creatividad. Y digo por último, porque creo que todas las personas pueden tener en su cabeza una idea fabulosa para desarrollarla. De hecho, creo que todas la tienen. El problema está en que no llegan a la parte del desarrollo, porque, a diferencia del pensamiento popular, en la mayoría de los casos, la creatividad te encuentra trabajando, imponiéndote unos horarios, una disciplina, y siendo, al menos, ligeramente perfeccionista.

Con esto no quiero desanimar a nadie a introducirse en el mundo creativo (en mi caso el literario) sino todo lo contrario. Cuando estés delante del papel y sientas que la idea no fluye, piensa en que la idea básica tienes que tenerla. Plásmala de diferentes formas, y juega (sí, juega) con los personajes de la historia hasta que te des cuenta que son de una determinada manera, y deja que ellos solos te lleven la historia. Pero si no lo haces delante de un papel, si no le dedicas tiempo vacío a la historia, puede que nunca florezca.

Insisto, después de esto, que perdonéis mi osadía, puesto que solo soy una persona que ha escrito un libro, y quizás no debería ser una persona que diera consejos.