Terminada la corrección

Bueno, con esto quiero decir que definitivamente, El Preso, la primera parte de Los Hijos del Árbol está completamente terminada. Tal y como anuncié cuando finalicé el manuscrito, aquellos que hayan leído el borrador y quieran aportar algo al libro, pueden hacerlo hasta mañana, 1 de mayo, que daré completamente por finalizado y cerrado el libro.

El último paso es publicarlo. Cuando finalmente me decida por algún método de publicación en concreto, lo avisaré por aquí, del mismo modo que avisaré cuando finalmente esté a la venta.

Muchas gracias a todos por vuestra colaboración.

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Hoy quiero crear…

Hoy quiero crear algo nuevo. Hoy quiero dejar todo y empezar algo de cero. Quiero un nuevo mundo, un nuevo universo, algo que no exista, algo que se cree desde mi imaginación. Quiero borrar todo lo que he hecho como si nunca hubiera existido, volver años atrás, a mi infancia, y empezar a crear algo que perdure los años.

El problema está en que no soy consciente de lo que hoy quiero, no es lo que querré mañana. He tenido tantos proyectos inacabados que siento que no debo comenzar uno nuevo, que debería finalizar el que tengo. Que debería centrarme en poner algún último ladrillo en mi vida, en vez de un primero.

Hoy me siento en uno de esos días en los que te comerías el mundo, pero solo si lo pusieran a tu alcance. Hoy me siento poético y soñador. Pero no me siento constante.

Hoy quiero crear… y no puedo. Me ata el mundo y mis anteriores creaciones. Me ata lo que fue el futuro. Me ata lo que será el pasado.

Hoy quiero crear, y, en vez de eso, dejaré que ese deseo se hunda un poco más en mi corazón, que no aflore esa nueva semilla. Que tengo muchos árboles plantados, y ninguno regado.

Hoy quiero crear. Pero no crearé.

Libros y cultura

Hoy probablemente me sienta un poco rebelde, y quizás un poco harto de leer determinadas opiniones al respecto, y he decidido incluir la mía propia en mi blog.

Los libros, per se, no dan cultura.

Como intento de escritor que soy, quizás no debería estar escribiendo esas palabras. Pero estoy harto de ver como lectores empedernidos justifican su entretenimiento con dichas palabras.

Hay muchos tipos de literatura. Literatura como la que yo escribo, como Los Hijos del Árbol, no suponen un aumento de la cultura de una persona. Es una historia hecha para entretener, no una Crítica a la Razón Pura. Aquellos que quieran debatir rápidamente comentarían que efectivamente la empatía al tratar con un personaje, las acciones, los pensamientos, los planteamientos, la resolución de problemas… sí, obviamente aportan algo. Pero una conversación tranquila con un amigo puede aportar lo mismo.

Por otra parte, creo que cuando opinan que los “libros son cultura”, creo que dejan de lado, un poco, la definición de cultura. Si una mayoría de nuestros congéneres siguen regularmente la LFP, el fútbol se convierte en nuestra cultura. Obviamente, saber que Cristiano Ronaldo sea mayor goleador de la Liga no te va a aportar nada como persona. Pero conocer la fórmula de la Gravedad de Newton tampoco.

Con todo esto quiero decir que creo que nos confundimos a la hora de construirnos a nosotros mismos como personas. Nos confundimos el conocimiento, el dato preciso, como una mera fuente de sabiduría. A mi joven juicio, la experiencia es la única fuente real de sabiduría. Las diferentes experiencias, emociones, sentimientos, conocimientos… el conjunto de todos estos aspectos son los que nos configuran como personas.

Para ejemplificar todo lo que os estoy contando, quiero hablaros acerca de los videojuegos, por ejemplo. A día de hoy, en nuestra cultura, los videojuegos solo tienen una buena impresión en un porcentaje de gente joven, y pocos son los mayores de 40 años que aprecian las enseñanzas que pueden brindar, al menos en aspecto de cultura.

Por eso quiero que reflexionéis acerca de dos videojuegos similares y distintos: Mass Effect y No Man’s Sky. Mass Effect es un libro interactivo. A mi juicio, no aporta ni más ni menos de lo que puede aportar el Señor de los Anillos, o incluso Orgullo y Prejuicio. Aquellos que opinen que el segundo puede aportar conocimiento histórico de la época, en este videojuego hay conocimiento técnico científico acerca de la relatividad, leyes de movimiento espacial, y teorías astrobiológicas. Es una obra más.

Por otra parte, el segundo que he mencionado, No Man’s Sky, también ambientado en ciencia ficción, es precisamente lo antagónico. No tiene una historia memorable. No tiene conversaciones reflexivas y decisiones difíciles. Ni empatía. Pero probablemente la simple concepción del juego, simplemente jugar durante unas diez horas, nos haga darnos cuenta de lo infinito que es el universo para la concepción humana.

Con todo esto, insisto, no opino que los libros tengan que ser menospreciados. Creo que todos sabemos que los libros, per se, no dan conocimiento, pero bien es cierto que las personas interesadas en el mundo, suelen encontrar entre el papel respuestas a algunas de sus cuestiones.

Lo que yo creo que es, y con esto acabo, fundamental para el desarrollo de una persona, no es donde busca las respuestas, sino cuáles son sus preguntas.

Nota sobre “El Preso”

Tanto para aquellos que han seguido el libro desde sus más tiernos inicios hasta los que aún no lo han leído, quiero publicar una pequeña nota sobre él. Es una pequeña aclaración contextual que algunos de mis lectores me han ido comentando, y creo que es más conveniente hacerlo aquí que en el libro.

En primer lugar, El Preso forma parte de una saga mayor, titulada “Los Hijos del Árbol”. A diferencia de la mayoría de los relatos, los quiero hacer bastante independientes unos libros de los otros. Es decir, no va a hacer falta empezar a leer El Preso para introducirte en la saga, ya que cada historia es independiente. Ahora, bien es cierto que es más cómodo iniciarse desde ese libro, ya que, por las circunstancias personales del protagonista, doy muchas menos cosas por sabidas que en los demás libros.

El motivo de todo esto es muy sencillo: Son historias independientes, narradas por diferentes protagonistas, explicadas desde su punto de vista y con una intención determinada. En el Prólogo de todos los libros expongo, al menos por encima, la intención de cada cual, el motivo que lo lleva a escribir su propia historia. La personalidad de cada uno quiero desarrollarla en el libro, pero pretendo que influya en el estilo de escritura de cada obra.

Por eso mismo, el libro de “El Preso” está escrito como una doble función para Jael: en primer lugar, es una oportunidad para justificar todo lo que ha hecho, inclusive las acciones que él juzga como malas, y la forma de mantener en mente un objetivo en la prisión en la que se encuentra.

El principal problema a la hora de narrar esta historia era que, si dejaba la narración como si fuese el preso quien estaba escribiendo, se limitaría a contar una sucesión de hechos, porque sería lo más cómodo, lo más rápido, y lo que probablemente mejor entendería el posible público como justificación.

Por otra parte, Jael tiene que tener intención de conmover a su posible lector. Quiere que empatices con él, que sientas que lo ha hecho todo bien. Eso requiere detalles.

Por eso mismo, la confrontación interna de Jael es el tiempo. Quiere contar todo, pero sabe que no puede. Tiene que omitir detalles que no quiere, y narrar otros que considera menos importantes en su vida como tal para que lo veas como alguien que no merece estar en la posición en la que está.

Así que, como conclusión final, aquellos que sienten que el libro es, a veces, demasiado detenido para ser algo “improvisado”, o demasiado precipitado en algunos aspectos, es porque realmente no quiero que os sintáis como Jael mientras narra sus aventuras. Quiero que en esos momentos os distanciéis del “escritor” y os pongáis en el punto de vista de una “persona asustada”. Quiero que se equivoque, que no haga la planificación correcta.

Espero que os haya transmitido todo esto en el libro en sí, y que esta nota no sea más que una confirmación de vuestras sospechas.

 

Muchas gracias por la atención.

Lo que fuimos, lo que somos

“Yo soy yo y mis circunstancias”. Esta frase de Ortega y Gasset es tan desconcertante como, a mi juicio, cierta. Es desconcertante porque, por pura lógica, es errónea: Yo no puedo ser yo más algo. En matemáticas, A = A + B es siempre falso. Pero, por otra parte, la forma en la que lo define, es más cierta de lo que parece.

Y, personalmente, creo que es cierta porque esas circunstancias que modifican nuestro propio yo, que suelen ser las mismas para distintas personas (casi todos los españoles hemos ido al colegio, todo el mundo hemos decidido o no estudiar, todo el mundo hemos tenido un profesor que nos ha gustado y otro que no, etc.) y completamente opuestas en algunos casos (uno es el hermano mayor, otro el menor, uno es alto, otro es bajo…) pueden ser entendidas de mil distintas maneras.

Últimamente me he estado preguntando por qué decidí empezar a escribir un libro. Y me he dado cuenta de que me cuesta demasiado responder a esa pregunta. La respuesta fácil, que diría a una persona que no conozco, es porque tengo mucha imaginación, y escribir es una forma relativamente sencilla de darle rienda suelta, sobre todo partiendo de la base de que las artes plásticas nunca han sido mi fuerte. Pero la verdad creo que es un poco más compleja que todo eso.

Creo que siempre he tenido cierto interés en las artes, aunque no el interés típico, por decirlo de alguna manera. No es que me encantara la idea de visitar un museo: de hecho, el arte que me gustaba era un arte interactivo. La música, que para poder oírla tienes que reproducirla de nuevo. El cine (aunque probablemente no sea especialmente cinéfilo, al menos no para los estándares de los cinéfilos), y, sobre todo, los videojuegos.

Mi salida más sencilla hubiera sido, quizás estudiar informática y diseño gráfico, y crear por mis propios medios un videojuego, un arte interactivo. Pero la constancia no ha sido nunca una de mis virtudes, y acabé desistiendo en el proceso incluso antes de comenzarlo.

Y, en contrapartida a todas estas artes que os he mencionado antes, quedaba la escritura. Con el paso del tiempo, y leyendo unos determinados libros que me han permitido amoldar la mente de la forma en la que lo he hecho, probablemente me di cuenta de que la literatura era el arte más interactivo para mí. No porque formaras parte del mismo libro, sino porque necesitabas cierto esfuerzo para poder representarlo en tu mente. Porque las palabras tenían que dejar de ser palabras y convertirse en escenas de una película, en secuencias de un videojuego… solo mediante el uso de la mente.

Probablemente, si yo no hubiese conocido los videojuegos o el cine, yo no me hubiera fascinado tanto por la literatura, por el poder evocador de las palabras. Pero lo hice, y por eso mismo intenté, con mis propios medios, crear palabras que recrearan aventuras fantásticas que no pudieran existir de ninguna otra manera.

Sería injusto decir que Los Hijos del Árbol es el primer libro que escribo. Es el primer libro que termino. Porque antes que ese ha habido decenas de intentos dejados apenas en sus inicios, por esa falta de constancia de la que os hablaba hace un tiempo.

Pero, como os decía en la introducción de esta entrada, somos lo que somos más nuestras circunstancias. Y quiso la vida, mi propio capricho, y mi vocación, que me adentrara en el apasionante mundo de la medicina. La medicina es una carrera que, por activa o por pasiva, acaba desarrollando la constancia de todo el que la estudia.  La medicina es exigente, al igual que la música. La medicina requiere toda tu atención. Curiosamente, si no fuera por mis estudios en dicha materia, nunca hubiera podido continuar la historia de Jael hasta finalizarla.

Por eso he titulado esta entrada de la forma en la que lo he hecho. Hace diez años, era un joven imaginativo que quería entrar en medicina, que quería expresar sus ideas y no sabía como. Que quería perderme en los mundos de fantasía y encontrar nuevos caminos en ellos. Y lo que soy ahora, lo soy por lo que fui. Por las decisiones, aparentemente inconexas que realicé cuando tenía que hacerlas.

Renunciar a eso me hubiera supuesto, por ejemplo, no terminar definitivamente mi libro. O no comenzarlo. O no ser médico. O ser músico. Pero soy lo que soy, y estoy orgulloso de ello, y del camino que he recorrido hasta este punto.

 

Finalizada la primera parte en Wattpad

Ya está completa la primera parte en Wattpad y, tal y como avisé, me temo que no la voy a continuar en dicha plataforma. En primer lugar, porque no está teniendo una aceptación lo suficientemente buena como para que me convenga, a largo plazo, mantener una obra gratuita en la web, cuando va a estar ya mismo disponible en librerías. En segundo lugar, porque ser yo mismo el que facilita la difusión de la obra entera me parece una falta de respeto para el trabajo de la editorial con la que finalmente firme el contrato. Y en tercer lugar, porque, honestamente, creo que el trabajo que me ha supuesto la redacción del manuscrito y la posterior corrección merecen, al menos, cierto beneficio económico.

Si a alguno no les gustan estas razones, la entiendo perfectamente porque yo también he estado desde el punto de vista del consumidor. Pero estas son las que son, sin adornos ni florituras.

A todos los lectores que han seguido la novela a través de Wattpad, muchas gracias por su constante apoyo, y lamento no facilitaros la segunda ni la tercera parte del libro.