Un nuevo proyecto

Llevo un tiempo rondando una nueva idea para escribir un libro. Algo completamente distinto y sin la ambientación de Los Hijos del Árbol. De hecho, más bien su ambientación sería basada en la ciencia ficción. Aún no he empezado a escribir el borrador, ya que no quiero interrumpir mis estudios para ello, pero la verdad es que creo que lo voy a anticipar a las dos partes restantes de la sala de los Hijos del Árbol.

El motivo es que, sinceramente, me esperaba algo más de recibimiento. Tampoco algo exagerado, pero, para ser justos, la novela no a alcanzado ni siquiera a los círculos más cercanos, y creo que, aunque las personas que lo han leído pueden esperar con ansias la continuación de la obra, sinceramente, siguen pudiéndose contar con los dedos de la mano.

Así que, cuando retome la literatura tras presentarme al examen MIR por segunda vez, seguramente lo haga con esta nueva idea que llevo gestando un tiempo.

A todos aquellos que esperaban “El Soldado”, lo siento, pero, sinceramente, creo que tendrán que esperar un poco más. Gracias por el ánimo y la comprensión.

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El mundo gira, pero también cojea

Este gran parón a la hora de escribir en el blog no se debe exclusivamente a mi reiterante esfuerzo con la preparación del examen MIR, sino también a que, por una serie de circunstancias propias y ajenas, mi situación vital no se ha desarrollado como esperaba. Y he preferido reflexionar a escribir palabras huecas.

Pero el mundo sigue. Sin mí, sin ti, y sin nadie. Es una verdad abrumadora. No somos imprescindibles. Como mucho somos incomparables para quienes nos rodean. Pero mundo siempre va a seguir girando. Dan igual nuestros esfuerzos en la mayoría de las ocasiones, y las escasas veces que importan, sinceramente, generalmente solo sirven para que otros puedan dar esos grandes saltos que ha concatenado la humanidad a lo largo de la historia. Somos minúsculos. El mundo gira, y nosotros solo giramos con él.

Pero el mundo cojea. Supongo que es como uno de esos quesos rodantes de Gloucestershire, que, debido al terreno o a la deformidad del queso, acaba saltando por la colina en lugar de deslizarse uniformemente. El mundo es así.

Personalmente, hay varios aspectos que considero bastante… interesantes. Por ejemplo, más personas me han felicitado mi cumpleaños que haber sido capaz de terminar de escribir un libro de mil páginas. Es decir, que, o bien me recuerdan como una fecha en un calendario a la hora de felicitar, o bien desconocen las motivaciones personales y el empeño que he realizado. Sea como sea, resulta más importante y más digno de mención mantenerme un año más vivo que haber completado un trabajo que, aunque accesible para todo el mundo debido al índice de alfabetización, la mayoría de la población jamás ha tenido ni tan solo las inquietudes para realizarlo.

También en lo personal, y relacionado con la publicación del libro, resulta frustrante que no hayan sido aquellos más cercanos a mí quienes se hayan volcado en apoyo, o simpatía, o hayan tenido curiosidad para saber qué era lo que escribía en tantas páginas. O por qué le he dado durante cerca de tres años de mi vida tanta importancia a un proyecto aparentemente vacuo e ineficiente. Sinceramente, me siento un poco decepcionado.

Aunque mi mayor consuelo es que es una norma general en el mundo. Somos demasiados. Y lo que nos puede verdaderamente importar es finito. Y por si fuéramos pocos, humanizamos a las mascotas, y nos resulta más llamativo el hecho de que uno de los animales cuya finalidad en este mundo no es otra que complacernos, haya desobedecido una de nuestras órdenes que les hemos inculcado, o que ejecuten movimientos impropios para su especie.

También veo como, en el mundo laboral, en las entrevistas de trabajo se le pregunta a una persona y se le pide experiencia sobre un campo en concreto, y no se le pide, en el mismo momento, una demostración de sus habilidades prácticas, para un oficio meramente práctico. Nos importa más un papel enmarcado y empolvado en una pared de una habitación que las capacidades reales de una persona.

Sí, el mundo gira. Y nosotros giramos con él. Y muchas veces me pregunto si soy alguien que solamente ve como gira o si, por un momento, podría perseguirlo colina abajo para intentar que deje de girar, para intentar atraparlo al aire. Para intentar que deje de ser ese mundo tan incoherente, y ese mundo tan vacío al que, a mi juicio, se dirige.