Ciudades de Facebook

Quizás es porque últimamente le estoy prestando más atención a las redes sociales o porque últimamente las personas se están volviendo más cerradas en sus mentes, pero la verdad es que cada vez admiro más a quien decidió nombrar la biografía de Facebook como Muro.

Además de la función obvia, de un lugar en el que se escribe apuntes personales para que el resto del mundo lo vea, como haría un grafitero con cualquier muro quien lo nombró, tenía una visión de futuro admirable.

Es un muro porque es inamovible. Las personas rara vez salen de su misma temática. Para qué voy a negarlo, yo mismo tengo, en su mayoría, entradas de este mismo blog, y no demasiadas cosas más. Es estático y firme. Y, por supuesto, en el momento en el que se entra a debate, con todas mis disculpas hacia la palabra debate, las personas que participan son muros: estáticos y firmes. Dan igual los argumentos. Dan igual las palabras. Es la antítesis del ágora griega. Aunque claro, tendría que haber ido yo al ágora griega para darme cuenta de que podría ser un Facebook sin pantallas.

Es un muro porque cuando hablas, parece que hablas a un muro. Siguiendo en parte el razonamiento de los argumentos, cuando se escribe algo, nada parece lo suficientemente fuerte para llamar la atención de nadie. Excepto, claro, si interesaba previamente. Parece que la única forma de hacer que la gente te preste atención sea recurrir a técnicas que por orgullo me niego a usar (por ejemplo: 10 curiosidades sobre los perros que no te hubieras imaginado; acompañado, por supuesto de la foto de un cachorro adorable mordisqueando adorablemente un hueso de plástico).

Es un muro porque, a la larga, se construyen ciudades en Facebook. Porque es, además de una función meramente decorativa (siguiendo con la idea de los grafitis) la gente acaba usándolos de cimientos. Y son muros, no muros de carga. Son fachadas, a fin de cuentas. Y le damos demasiada importancia a las fachadas.

Quizás he escrito demasiadas cosas que demasiada gente sabe. Quizás es mi frustración personal la que me hace pensar así. Pero también creo que deberíamos dejar de contemplar los muros, y pasar a buscar las esculturas.

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Lo que obviamos

Hace ya un tiempo que he dejado de escribir. Tanto en el blog como en los manuscritos. La verdad es que mi rutina deja poco espacio para escribir, y yo tampoco estoy por la labor de buscar un hueco. Porque, como todas las personas de este mundo, nos adaptamos poco a poco a un estilo de vida, y comenzamos a obviar lo que eso supone.

Sé que es algo tópico el dicho “No te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes”, pero creo que es uno de los pocos que se pueden considerar como verdades casi sin refutarse. Obviamos demasiadas cosas. Una persona pesimista diría que solo las cosas buenas, pero lo cierto es que obviamos también aquello que nos inflige dolor constante, toda aquella sensación negativa que no es nueva. Obviamos demasiadas cosas.

Y de esa misma forma, yo he obviado este blog. Yo he obviado que quizás hay gente que, al menos en algún momento, ha tenido la paciencia de leer mis letras, y que ha estado esperando que añada algo nuevo a esta particular colección de pensamientos personales. Quizás he obviado que esas personas son las que claman a mi mente de escritor que no me de por vencido. Quizás he obviado que cuando escribo, no lo hago solo por mí. Quizás he obviado todas las personas que leen en la sombra. Quizás he obviado a aquellos que no han dejado de lado mi historia. Quizás he obviado a los amigos. Quizás he obviado todo.

Así que, hoy que no te he obviado, lector, me gustaría que giraras la cabeza y te des cuenta del sitio en el que estás. Que quizás sea algo malo. Que quizás sea algo bueno. Que puede ser mil cosas pero que solo es una, a fin de cuentas. Que te des cuenta de esos detalles que obvias hasta cuando te piden que te des cuenta de tu alrededor. De la altura a la que está el agua en una botella. De las líneas de las vetas de la madera. Si de tanto en cuando puedes fijarte en esas cosas…

Bueno, esto es una opinión personal, la verdad. Pero desde hace tiempo he pensado que la felicidad se tiene cuando se es capaz de mirar a esos pequeños detalles y sonreír. Si me permitís, voy a obviar esta vez el desarrollo de ese pensamiento. A fin de cuentas, me gustaría plasmarlo en alguna de mis novelas.

Muchas gracias por no obviarme esta vez.