Versión física del libro

Me complace anunciar que por fin se encuentra a la venta la versión física de “Los Hijos del Árbol: El Preso”. Aún no he podido comprobar en persona cómo se ve la versión final, pero, al menos, ya os puedo asegurar que se encuentra disponible en Amazon en este enlace: https://www.amazon.es/dp/1520192649

El precio del libro es de 25€ más impuestos (con Amazon Prime me ha costado 24,74€) Sé que es un poco caro, pero hay 701 páginas, y no podía abaratar mucho más el costo del mismo. Supongo que más adelante, si se reducen algo los costes de producción, se podrá abaratar algo el precio.

Muchas gracias por vuestra paciencia.

Espero que os guste.

Triple moral

Hola y buenos días. Quizás hoy no sea el mejor momento para escribir, pero quizás por eso mismo escribo.

Una frase tan confusa como esa, que algunas personas creerán entender y a otros les supondrá una tontería, es un ejemplo de lo que voy a hablar a continuación; y me explico:

No hace mucho comentaba por estos mismos medios lo triste de la catalogación de las personas y la agrupación forzada con respecto a algunos símbolos. Y hoy vengo a hablar precisamente de las consecuencias personales de sentirse afiliado a esos símbolos.

Mi frase anterior no tiene sentido. Si no es el mejor momento para escribir, debería no escribir. O, si lo hago, es porque no tengo otro momento. Pero no porque sea un mal momento tengo que escribir. Si alguien ha entendido mi planteamiento, ha creado una falsa empatía. Ha creado la necesidad de sentirse identificado con una situación personal que ni siquiera he compartido. Ha creado la necesidad de entender algo para justificarse lo que vaya a leer posterior a esto. Y por lo que ha leído antes.

Somos seres instintivos. Muchas son las veces que el razonamiento viene después de realizar determinadas acciones, y no antes. Y muchas de las veces que tenemos la obligación moral de detenernos a meditar sobre nuestro curso de acción, todo ello nos supone, en primer lugar, una sensación de incertidumbre. Y en segundo lugar, desasosiego al haber valorado la otra opción como válida. Así que, si alguien ha decidido prestar atención a mi blog, ese alguien tendrá que justificarse, él mismo, de lo que quieran decir mis palabras.

Suena confuso y aparentemente inconexo con el título de esta entrada, pero dejadme un par de párrafos más.

Somos esclavos de nuestras decisiones. Si nosotros decidimos seguir una ideología determinada, automáticamente escucharemos a quienes comparten nuestra ideología, y renegaremos de las palabras de aquellos que no. Solo podremos sopesar ese umbral en el caso de que haya problemas de doble moralidad, o que una relación de confianza con el emisor se sobreponga a nuestras ideas generalizadas. O lo que es lo mismo: de la misma forma que me quejaba porque: “si a una persona le gustan los toros, es de derechas”, no cambia que a la mayoría de personas a las que le gustan los toros son de derechas.

Pero claro, las ideologías son pensamientos de un grupo de personas. No es demasiado complicado crear un razonamiento lógico por el que un amante de los animales podría ser un fanático de los toros (por seguir con el ejemplo), y que dicho razonamiento que para mí sería poco más que un ejercicio mental, se convierta en el pensamiento fundamental de una persona para justificar que ama a los animales y que le gustan los toros.

Vale, he mentido, necesito otro par de párrafos más.

Así que, siguiendo esta línea de pensamiento, yo puedo decir: “Amo los animales, y por eso quiero que un toro se vea libre en su crianza, con el mínimo contacto humano, y que se enfrente de la forma más natural posible a su destino como carne para alimentarnos, en lugar de vivir encerrado en una habitáculo durante toda su vida, muriendo por una inyección sin nunca vivir como un toro. Prefiero que muera en una plaza, donde, al menos, antes de morir, puede defender un territorio, enfrentarse a su cazador.”

No todas las personas estaréis de acuerdo. No porque el planteamiento no sea lógico, sino porque choca con vuestras convicciones predefinidas. Algunos os preguntaréis “¿Eso es amor por los animales?” Otros diríais: “¿Eso es lo que consideras justo?” O: “¿Es necesaria la muerte de un toro?” Como no respondería a esas preguntas o, si lo hiciera, seguiríais sin estar de acuerdo, solo se llega a una conclusión: “Eso es una doble moral. Si amas a los animales, deberías estar en contra de los toros”.

Vale, creo que ahora va mejor encaminado todo.

¿Cuál es el problema de todo esto? Que no es un razonamiento. Es un instinto. Tenéis que defender vuestras propias ideas. De la misma manera que defendíais vuestras propias ideas cuando he comenzado a escribir esta entrada, y creíais entender mi inicio. Porque es un sentimiento, una idea profunda y arraigada, que no podéis justificar más que con palabras de la misma forma que yo he defendido ese argumento. Y habrá quienes, por coincidir en mi planteamiento, dirán que lo he expresado de la mejor forma posible. Pero insisto, solo porque están de acuerdo con lo que digo. El razonamiento lógico de base es el mismo, tanto para quien lo acepta como para el que no. Lo que cambia es la validez de las premisas.

Y aquí llega el sentido del título de esta entrada. ¿Y quién es nadie para decir que la moral de una persona es “doble moral”? ¿Acaso todos los razonamientos deben incluirse en esos grupos categorizados de los que hablaba en la entrada anterior? No. Porque es muy fácil decir “eso es doble moral” o, quitando el eufemismo “eres un hipócrita”. Pero, y he aquí la llamada de atención, incluida para mí. Muchos de los que hace unos días secundan que no se debería agrupar las ideas con respecto a los símbolos, también caen en esta “triple moral”.

Y lo más divertido de todo es que puede que tengan razón.

Gracias por la atención, y perdón por el discurso. Estoy saliente de guardia, pero me apetecía escribir algo.