Qué ruines somos. Y qué orgullosos estamos de serlo.

A raíz del atentado en Barcelona el día 18/08/2017 me he planteado muchas variables en mi cabeza sobre lo que yo hubiera hecho de estar en los distintos puestos que intervinieron en el atentado: peatón en riesgo, peatón que acaba de llegar a la escena, médico que acude en la ambulancia, médico que atiende en el hospital, prevención del atentado. Supongo que dentro de cada uno de nosotros hemos, en mayor o en menor medida, imaginado algo similar. Así que me sorprende mucho la actitud de la gente al respecto:

En primer lugar, nada de esto hubiera sucedido si ningún loco se introduce en mitad de una de las calles peatonales más transitadas de España con intención de llevarse a quien tenga por delante. Eso lo primero. Nada de esto tendría que ni siquiera plantearse, pero la maldad existe, y cerrar los ojos ante ella es una actitud no solo infantil, sino peligrosa.

En segundo lugar, ¿cómo se le ocurre, a nadie que esté viendo los atentados, el estado de la gente que hay ahí, grabar un vídeo? Pues la verdad es que, por triste que suene, hay que hacerlo si queremos crear indignación. Es morboso. Y se paga por ello. Y quien tiene la sangre fría suficiente ha mostrado al mundo que no se trata de una furgoneta a 20 km/h que ha recorrido mucha distancia en línea recta, y que nosotros pensemos tonterías como “súbete a un banco”. No digo que alabemos al autor del vídeo. Pero no nos engañemos, con el atentado en frío, sabemos que podremos poner los pies en el suelo.

Pero a mí lo que me parece ruin, rastrero y miserable es que con los cuerpos aún en caliente, la política ha inundado el atentado. Quienes querían hacer reclamas independentistas sobre democracia, lo ha hecho, utilizando la sangre derramada de personas inocentes de muchas nacionalidades. Quien quería mostrar el error del independentismo frente a la amenaza terrorista, lo ha hecho, utilizando de la misma manera la sangre derramada de personas inocentes de muchas nacionalidades.

Sinceramente, no entiendo, a raíz de todo esto, el significado del luto. ¿Un minuto de silencio? ¿Un minuto en el que miramos al cielo en silencio para demostrar que somos ciudadanos con decoro para, al poco, utilizar la sangre como si mancharas tu manos en ellas para pintar la cara de tus rivales políticos y marcarlos como culpables? ¿Para qué decretamos 3 días de luto oficial? ¿Por apariencia?

Pero lo que más me duele de este atentado y de las repercusiones posteriores es que, a la larga, pocas medidas se han propuesto en caliente. Pocos han hablado de distintas formas de solucionar la gran ola que sacude a Europa. La mayoría, lo que se agita en las redes sociales, lo que se propaga por el boca a boca en la calle, no es más que un discurso político, un permanente discurso político que, si se altera, no es más que para intentar bombardear, y no ayudar.

Y, como digo en el título, estamos orgullosos de ello. Lo decimos abiertamente. No en privado, donde nuestras opiniones pueden ser menos “políticamente correctas”. No. Lo decimos sin escrúpulos a los cuatro vientos. Que cuando quien ha pasado dos días aislado del mundo por culpa de un desalmado se despierte, en vez que poder informarse de si algún familiar o amigo ha sido también afectado, se entere de que la discriminación, sea de la clase que sea, es lo único que importa en ese momento.

Somos despreciables. Así que, en nombre de todos aquellos indignados sobre la forma en la que se han tratado las muertes de los inocentes, lo siento mucho. Espero que os mejoréis. Que lo superéis pronto. Que no vuelva a suceder. Y que seáis felices. Vuelve a brillar, Barcelona.