Por qué ganan los buenos

Hola a todos. Hacía mucho tiempo que no escribía aquí en el blog. Lo primero que quiero decir es que llevo ya una temporada trabajando en serio en la segunda parte de los Hijos del Árbol: El Nonato. Quizás he tenido demasiada “resaca” después de terminar el primer libro, y decidí escribir otro completamente independiente para presentar a concurso, algo más relajado y que no incluyera tantas anotaciones que tener en cuenta mientras escribía.

Pero, yendo al título del libro, he estado pensando durante mucho tiempo, por qué en la gran mayoría de las historias (no solo de fantasía, sino de misterio, novela rosa, etc) siempre ganan los buenos.

El primer motivo es bastante sencillo: porque quien cuenta la historia es el que gana. Y quien gana, es el bueno. No es tan complejo de entender, porque en la historia humana, casi siempre sucede algo parecido: son los ganadores los que moldean el mundo a su antojo para que se adapte a lo que es.

El segundo motivo es algo más literato: en una novela tienen que suceder cosas. Eso parece lógico, teniendo en cuenta que se trata de un entretenimiento. Consecuentemente, tiene que haber momentos “negros” dentro de la novela. Momentos en los que las cosas vayan mal. Si esos momentos negros se resuelven en su mayoría, la historia se acaba. Si se dejan sin cerrar, no se acaba. No es tan interesante a la hora de leer que el mundo se encuentre al borde de la destrucción a que se encuentre en su máximo esplendor. Así que, la forma de cerrarlo suele ser la opuesta: si se encontraba al borde de la destrucción, tiene que acabar salvándose. Si se encontraba en su máximo esplendor, tiene que acabar destruyéndose. Si no, no sucedería nada.

Las historias que acaban igual que empiezan suelen dejarte una sensación amarga. Una sensación cíclica. De que nada ha sucedido. Pongo el ejemplo de  1984, que, además de crear un sistema que ya por sí genera malestar, la sensación es que todo lo que sucede en la historia no sirve de nada. No cambia. Si la historia no se hubiera narrado, el mundo seguiría igual. No ha aportado nada. Claro, pero esa es la sensación que quiere crear el libro. Impotencia. Así que, tenía que ser así.

Pero la mayoría no somos tan creativos. Tenemos que dar giros “esperables” para enganchar al lector. ¿Por qué mi primera obra empieza con un muchacho de 10 años? Porque en la fantasía, el concepto de “aprendiz” es conocido. Es manejable. Solo tienes que cambiar las distintas normas del mundo. Así, aunque el mundo parezca extraño en un primer momento, hay elementos familiares.

Podría intentar alejarme de toda la estructura, pero eso era demasiado osado para mi primera novela.

Ahora, quizás haga alguna novela que rompa todas esas normas. Incluido que ganen los malos. Como malos. No como buenos incomprendidos. Quién sabe. Aún soy joven. Aún tengo ganas de escribir

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