Las Hazañas del Sistema Educativo

A diferencia a muchas de las personas que ahora mismo influyen a la juventud, y, consecuentemente al mundo, no dispongo de los medios físicos ni temporales para crear contenido multimedia complejo. Y para ser justos, tampoco dispongo de la fuerza de voluntad que implica su creación. Solo dispongo de mis palabras y de una pequeña voz perdida en la inmensidad de internet.

Y para seguir siendo justos, mi voz es una opinión. Una opinión que en el futuro podrá cambiar como cambian las velas de los barcos, adaptándose el viento del entendimiento, la experiencia, los errores, los argumentos y el diálogo. No contengo la verdad absoluta. Como ser humano, más bien, contengo errores acumulados. Así que, por supuesto que entiendo que la multitud esté en acuerdo o en desacuerdo con mis palabras.

Sea como sea, hay que dar comienzo al tema antes de que nos aburramos con los preámbulos.

La verdad es que este es un tema inconcluso que inicié tiempo ha, que debería haber terminado de reflexionar de la misma forma, tiempo ha, y que he dejado de lado por las connotaciones sociales que mis palabras contienen en el mundo actual en el que vivimos.

Es fácil criticar. Tan fácil es criticar que mi propia defensa se va a basar en una crítica a la crítica. Es fácil escoger unas palabras concretas y devolverlas con cierto veneno, con cierta fuerza aprovechando las rendijas que establecen las limitaciones de las mismas, y creando en ellas una nueva idea. Es fácil decir que los sistemas no funcionan cuando los resultados no salieron como uno esperaba. Y criticar a un sistema es mucho más fácil, porque, aparentemente, nadie saldría ofendido, puesto que un sistema sería algo tan abstracto y gigantesco que no podría abarcar. Es algo que debería funcionar por su propia inercia.

Pero formando parte de un sistema y, a su vez, siendo el origen de “microsistemas” me he dado cuenta de lo difícil que es crear algo que funcione. Anticipar variables. Actuar con esas variables. Y que actúen en multitud de individuos distintos, cada uno con su sistema de creencias, capacidades biológicas, y circunstancias vitales propias. De hecho, me atrevo a decir que es imposible.

Creo ya haberlo mencionado en otras ocasiones, pero soy médico. Trabajo como tal, en un hospital, siendo médico residente. Parte de mi trabajo consiste en atender las Urgencias hospitalarias. Y parte de ese trabajo consiste en crear un “tratamiento de observación”. O lo que es lo mismo, que personal independiente a mí, pueda obedecer según mis órdenes, sin estar yo presente. Un sistema. Crear leyes. Algo tan intuitivo como “dar paracetamol si fiebre”, debe quedar por escrito, puesto que soy el único en ese eslabón, como médico que soy, que puede tomar la decisión de administrar un fármaco tan sencillo como ese. Porque se supone que soy el único que tiene el conocimiento suficiente como para entender que en esa circunstancia, el paracetamol es seguro. Es una tontería per se, pero es una tontería que funciona.

Y eso es, con una formación de seis años en universidad, una formación para un examen MIR, y ante un paciente individualizado. No una generalización.

No quiero ni imaginarme cómo sería coordinar un sistema educativo.

Es un sistema, con todo lo que implica. Es imperfecto, lo cual creo que lo he añadido como algo obligatorio en todo sistema de semejantes dimensiones, pero, dentro de su imperfección, hemos demostrado que, en algunos casos, funciona demasiado bien.

De hecho, quiero que pensemos en el sistema como su inicio y como su intención básica. Cuando se creó, la finalidad principal era crear un sistema que permitiera que la mayoría de la población conociera los conceptos básicos de escritura y aritmética, así como algo de conocimiento sobre el mundo que nos rodea. No como un incentivo para que las mentes brillantes llegaran lo más lejos posible, sino como algo para que las mentes más estúpidas y escandalosamente simples consiguieran llegar a entender la comunicación escrita, y que entendiera de una forma u otra, cualquier texto que pretendiera leer. Que pudiera obtener una información más allá de lo que oye, y crear una independencia a la hora de obtener nuevas fuentes de conocimiento. Quizás me equivoque, pero ese era el objetivo de la educación básica.

Ahora resulta que, con el incentivo de la telefonía móvil, todo el mundo considera que la comunicación escrita es algo que merece la pena.

El caso es que, siendo ese el objetivo de la educación pública, tenemos un problema secundario a subsanar. Hay mentes brillantes. Hay mentes que empapan el conocimiento. Hay mentes que no pueden quedarse viendo cómo esas mentes más torpes necesitan de la memorización activa o la mecanización constante para aprender a resolver esos enigmas básicos (aquí quiero hacer referencia a Quantum Fracture en el siguiente vídeo https://www.youtube.com/watch?v=iEb9L2CMjr0 que señala ese obvio error en el sistema educativo actual). ¿Qué hago mientras los demás aún se encuentran siendo capaces de entender el mecanismo (mediante mecanización) de cómo funciona una división entre dos cifras?

Hay una solución muy sencilla, pero de gran controversia social (a mi juicio, hay que valorar el riesgo-beneficio en determinados aspectos) que sería separar a quienes tienen la mente más ágil con respecto a los que no. Pero es difícil. Extremadamente difícil, en la mayoría de los casos. Que un determinado profesor explique un determinado aspecto de las matemáticas puede hacer que dejes de entenderlas en su totalidad, y solo con eso ya has perdido esa ventaja que tenías hasta el momento.

O lo que es lo mismo, no hay solución si queremos que todos sigan en el mismo barco.

Y el sistema educativo español, decidió crear un segundo barco. Decidió determinar, en un momento, quién merecía permanecer en ese barco y quien no. Una reválida. Una selectividad. Una prueba con LAS MISMAS CARACTERÍSTICAS PARA TODO EL MUNDO, como resumen de la idea. O lo que es lo mismo, valorar de una forma, más o menos objetiva, quien debe continuar por ese camino y quién no.

A mi juicio, un gran acierto. Y lo dice alguien que ha pasado un año más del que debería preparando un examen de ese tipo, el examen MIR, y que sabe lo duro que es pasar un año invirtiendo tu tiempo en estudio para después “vomitarlo” en un examen, y que ese esfuerzo quede en nada, y tener que repetir, otro año, ese mismo esfuerzo, con la intención de que esa vez tu estómago sea más grande que el año pasado, y el vómito sea más prolífico que la vez anterior. Es una agonía.

Pero seamos justos, eran unas condiciones a las que se enfrentaban todos y cada uno de los candidatos. Todos sabíamos qué era lo que teníamos que hacer. Y se nos agrupó ordinalmente. Había un número 1 en la promoción en la que yo acabé siete mil cuatrocientos y algo. Había siete mil cuatrocientos y algo personas mejores que yo que habían jugado al mismo juego. Y hay que admitirlo.

Y eso es lo que supone un examen. Quizás en los profesores novatos no quede tan evidente, pero un profesor con experiencia no os está juzgando respecto a los de vuestra clase únicamente, sino con respecto a todos los alumnos que ha tenido en su haber. Ese 9,9 que no transforma en 10 puede darse porque no seáis como ese alumno de 10 que tuvo en el pasado. Porque os está comparando. Porque os da valía con respecto a un parámetro conocido para todo el mundo.

Sí, es cierto que hay muchas más características que se pueden evaluar. Y muchas formas, incluso con la metodología del examen, de comprobar la adquisición de conocimientos. Yo, como médico, considero completamente absurdo la memorización de un estadio TNM, por poner una clasificación de uso muy habitual en la medicina. Por el simple hecho de que es muy fácil de consultar.

Pero, ¿qué evalúas? ¿Cómo creas unas condiciones similares a entender realmente el ciclo del agua sin preguntar, directamente, el ciclo del agua? ¿Cómo lo harías, para, no pongamos la totalidad de alumnos españoles, sino una muestra de mil, para saber que realmente han entendido el ciclo del agua? ¿O es que no es importante entender el ciclo del agua? ¿Se puede consultar ese conocimiento? ¿Debería obviarse para obtener otros conocimientos posteriores?

Quiero llegar aquí al siguiente problema al que se enfrenta el sistema educativo: ¿Acaso para ser abogado tengo que conocer el ciclo del agua? ¿O para ser informático? Lo responderé con otra pregunta: ¿Acaso todo muchacho de 15 años sabe qué hacer con su vida? Porque a lo mejor quiere ser abogado… medioambiental. O quiere ser informático… de un motor de videojuegos ultra realista. O a lo mejor no sabe qué quiere hacer. ¿Deberíamos forzar una temprana especialización?

Así que volvamos a la premisa que se plantea de nuevo, esa de la memorización como única vía. Esa del vómito de información.

Otro de los vídeos que me han inspirado definitivamente a crear esta reflexión sería este de Jaime Altozano: https://www.youtube.com/watch?v=ny61lc2xiZk . Para aquellos que ya piensan que este tocho es suficiente como para ver un vídeo de media hora al respecto, os hago un resumen del punto en el que yo quiero hablar: hay un momento en que sugiere la utilización de vídeos para ampliar ese conocimiento (que para él era inservible el que recibía en clase [es un resumen obscenamente corto, pero es el concepto básico]).  No voy a hablar de viabilidad, solo de conceptualidad:

El problema es el del inicio. Es una ética de mínimos lo que mide el sistema educativo. Hay que evaluar ese mínimo. Hay que hacer una forma para que, aunque no se quiera, se sepa un mínimo. Aun en contra de la voluntad de todo el mundo.

Quiero decir, un muchacho de 12 años no entiende la importancia de un logaritmo. No entiende lo fundamental que es resolver la mecánica cuántica para poder viajar por el universo. Ni entiende que el inodoro ha sido el invento que más vidas ha salvado. Y oye, se lo puedes explicar a aquel que quiera aportar ese pedacito al mundo. Pero es que, si no quiere escuchar, no escuchará. Porque Marte está lejos, se va a seguir usando el inodoro aunque no sepa su importancia, y los logaritmos son de cuarto de la ESO. Porque si una persona de 26 años no entiende que debe perder 20 kilos de peso para evitar morirse de una forma dolorosa dentro de otros 26 porque le supone un esfuerzo… bueno, no voy a continuar la comparación.

Y bueno creo que ya he hablado de más. Porque supongo que es un tema demasiado extenso como para…

Bueno, una conclusión: por supuesto que tiene cosas mejorables. Aunque se creara perfecto, en unos años quedaría obsoleto y consecuentemente mejorable. Pero el sistema educativo ha hecho que no importe de qué seas hijo para llegar, por ti mismo, a las conclusiones de que ese sistema educativo es incompleto. Lo cual, creas que no, es una gran hazaña.

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