El trabajo invisible

Hoy ha sucedido algo peculiar mientras trabajaba en Urgencias. Algo interesante, como es el hecho de que me agradecieran que haya sido el primero capaz de darle una respuesta segura a un caballero sobre la patología que le llevaba azotando durante dos meses. E incluso llamando incapaces a todos aquellos médicos que, teniendo los mismos recursos que yo, no habían sido capaces de encontrar la raíz de su constante problema.

Quizás pudiera haberme sentido halagado. Es decir, no es algo habitual que un paciente agradezca el trabajo de un médico, pero, en lugar de eso, me he sentido algo decepcionado sobre la concepción de lo que es el trabajo en equipo. O de los que hacen el trabajo en la sombra para que “existan” los héroes como yo.

Todo lo que escribo a continuación es algo que ya le he dicho, por supuesto al paciente:

“Caballero, me temo que yo no contaba con los mismos recursos que los que han venido antes de mí. Yo ya sabía que, las dos patologías más frecuentes ya estaban descartadas al haber intentado un tratamiento ellos, y haber fracasado, y porque las pruebas diagnósticas, esas constantes vitales o analíticas, han ido evolucionando en una dirección, y gracias a esa evolución, yo he podido saber qué es lo que le sucedía.”

El hombre ha insistido en su agradecimiento y en ameritar exclusivamente mi trabajo, por lo que he tenido que insistir.

“Caballero, se lo digo en serio. Si yo hubiera estado en la posición en la que han estado mis colegas, hubiera actuado de la misma manera en la que lo han hecho ellos. Yo tenía más información. Eso es todo.”

El hombre no ha insistido mucho más, pero, pese a todo, estoy bastante seguro de que pensaba que se trataba de modestia, o de falsa modestia por mi parte.

El problema está en que efectivamente, así pensamos que funciona todo. Pensamos que el mérito es de un héroe, como si de una película se tratase, que ha cargado él solo el peso de la responsabilidad de una decisión. En mi caso, cuento con el apoyo muchas veces invisible de administrativos, enfermeros, auxiliares, limpiadores, farmacéuticos, que facilitan o posibilitan mi trabajo.

Pero la medicina no es el único que cuenta con muchos trabajos invisibles. Trabajos invisibles que muchas veces ignoramos o porque no estamos en la tesitura o porque no nos importa porque entendemos que se nos debe dar por nuestro derecho como haber nacido vivos en España.

Pero quiero que, por un momento, penséis en lo que tendríais que hacer en caso de que os quedarais, no solos en el mundo, sino como en uno de esos “apocalipsis zombie” que tan de moda estaban hace dos años, y penséis, ya no solo en lo que aportaríais para la sociedad, sino en si tan solo seríais capaces de hacer vuestro trabajo sin la tecnología que otros diseñan, o las instrucciones que otros ofrecen…

Hoy quiero acordarme de esos trabajos invisibles, del mismo modo que agradezco a mis compañeros invisibles, por haberme permitido, durante un día, ser el héroe de una persona. Muchas gracias, de todo corazón.

Streaming

Lo comentaba ayer en Twitter como una nota breve, pero creo que necesita un mayor desarrollo. En primer lugar, porque creo que, si me embarco en un proyecto, es para tomármelo en serio, al menos la idea, y que si es algo lo que me obliga a dejarlo que sea la desidia de la repetición y el desaliento de la falta de resultados, y no pensar, desde el inicio, que todo estaba condenado al fracaso.

Dicho esto, tengo la intención de iniciar un canal de Twitch realizando Streaming o, para los no duchos en el tema, de retransmisión de videojuegos. La idea me la ha propuesto Sufián, como muchas de esas ideas disparatadas que me han llevado a incluso terminar una novela y llevar unas cuantas páginas de su continuación. Probablemente no llegue a mucho, pero creo que el simple hecho de poder fomentar algunos videojuegos que me gustan y que la comunidad tiene algo abandonados, y explicarlos de forma amena para los nuevos jugadores, me interesa. No consumirá nada más de mi tiempo y, probablemente, tampoco de mi dinero, puesto que ya he estado organizando todo lo que tenía que organizar. De todas formas, lo dicho, será de forma intermitente y sin ansias por el prestigio de las redes.

Y lo segundo, que es un proyecto mucho más ambicioso y que probablemente requiera más colaboración que la del propio Sufián, iniciar un canal de YouTube/Twitch distinto titulado “Medicina para Noobs”, o lo que es lo mismo, explicar de una forma coloquial, sencilla, y basada en muchas ocasiones en el lenguaje de los videojuegos, los principios de la fisiología y de las actuaciones médicas más básicas. De hecho, si alguno quiere colaborar, se puede poner en contacto conmigo por correo electrónico o por mensaje privado de Twitter, porque probablemente requiera de edición de vídeo, comprobación de que efectivamente las explicaciones son claras e inteligibles, y temas interesantes para “todas las edades”.

Dicho lo cual, dejo aquí el correo electrónico: loshijosdelarbol@gmail.com

Y el canal de Twitch, por si alguno está interesado.

https://www.twitch.tv/argodil

Publicidad

Vivimos en un mar de información. Un océano. Quizás incluso haya más información que gotas de agua en un océano. Realmente da igual, puesto que no podemos abarcar tanta información. Así que, nuestras ideas ahora vienen de lo que destaca más allá de esa información. De una isla en medio del océano.

Y, como si de un volcán se tratara, allí está la publicidad, haciendo que en medio del océano aparezcan nuevas islas, nuevas ideas, nuevas formas de ver el mundo o nuevos productos que llevan allí un tiempo, pero que ahora se hacen visibles. Es una idea que, a priori, es fantástica, porque nos permite revolucionar el mundo. Pero, si la analizamos, sigue siendo un volcán, y puede ser peligroso que haya demasiados volcanes.

Para empezar, supongo que tengo que aclarar a qué me refiero con publicidad. No me refiero solo a un empresario que paga una generosa cantidad de dinero porque su producto sea más visible que el de los demás. O tampoco me refiere a un grupo de personas que utilizan un programa de televisión para dar a conocer una idea. Es un tipo de publicidad, pero no la única.

Me refiero a esa publicidad algo más escondida. A ese bombardeo constante de ideas, ya sean complejas o simples, ya sean políticas o de gustos, a esa forma de hacer ver que a nosotros nos gusta una determinada forma de vida, o una determinada ideología; esa forma de repetir constantemente la misma idea con otras palabras en las redes sociales, ya sea de forma argumentada o como una falacia más que se repite de nuevo porque, hace cien publicaciones, ya argumentaste todo lo que había que argumentar; o esa forma de promocionar lo aquello que nos agrada, que últimamente suele manifestarse como odio a lo que nos desagrada (tantas cosas que nos desagrada, que al final solo nos puede agradar una idea restante).

Sí, yo mismo he caído en parte en el juego. Como he dicho al principio, es un mar de ideas. Me gustaría que mi novela llegara más allá de mi círculo de amistades, o más allá de una recomendación puntual. Claro que me gustaría. Pero también opino que no quiero vender mi propia integridad, justificando una segunda personalidad en las redes sociales como un ente publicitario de lo que soy o de lo que opino, y limitarme a ser alguien que reafirma sus ideas en los comentarios con otras publicaciones.

Sinceramente, creo que algo estamos haciendo mal al respecto. No porque considere que lo que sucede con la información sea algo antinatural, sino porque creo que la situación actual se nos queda un poco grandes.

Creo que ya es bastante publicidad la que se empeña en hacernos ver el empresario que paga una generosa cantidad de dinero, sabiendo que su sustento depende de si se vende su producto, que nosotros nos convirtamos en un cartel publicitario de nuestras ideas, expresadas a través de palabras de otros, solo para convertirnos, de alguna forma, en un palmo de arena que finalmente se llevará la marea de información.

Las Hazañas del Sistema Educativo

A diferencia a muchas de las personas que ahora mismo influyen a la juventud, y, consecuentemente al mundo, no dispongo de los medios físicos ni temporales para crear contenido multimedia complejo. Y para ser justos, tampoco dispongo de la fuerza de voluntad que implica su creación. Solo dispongo de mis palabras y de una pequeña voz perdida en la inmensidad de internet.

Y para seguir siendo justos, mi voz es una opinión. Una opinión que en el futuro podrá cambiar como cambian las velas de los barcos, adaptándose el viento del entendimiento, la experiencia, los errores, los argumentos y el diálogo. No contengo la verdad absoluta. Como ser humano, más bien, contengo errores acumulados. Así que, por supuesto que entiendo que la multitud esté en acuerdo o en desacuerdo con mis palabras.

Sea como sea, hay que dar comienzo al tema antes de que nos aburramos con los preámbulos.

La verdad es que este es un tema inconcluso que inicié tiempo ha, que debería haber terminado de reflexionar de la misma forma, tiempo ha, y que he dejado de lado por las connotaciones sociales que mis palabras contienen en el mundo actual en el que vivimos.

Es fácil criticar. Tan fácil es criticar que mi propia defensa se va a basar en una crítica a la crítica. Es fácil escoger unas palabras concretas y devolverlas con cierto veneno, con cierta fuerza aprovechando las rendijas que establecen las limitaciones de las mismas, y creando en ellas una nueva idea. Es fácil decir que los sistemas no funcionan cuando los resultados no salieron como uno esperaba. Y criticar a un sistema es mucho más fácil, porque, aparentemente, nadie saldría ofendido, puesto que un sistema sería algo tan abstracto y gigantesco que no podría abarcar. Es algo que debería funcionar por su propia inercia.

Pero formando parte de un sistema y, a su vez, siendo el origen de “microsistemas” me he dado cuenta de lo difícil que es crear algo que funcione. Anticipar variables. Actuar con esas variables. Y que actúen en multitud de individuos distintos, cada uno con su sistema de creencias, capacidades biológicas, y circunstancias vitales propias. De hecho, me atrevo a decir que es imposible.

Creo ya haberlo mencionado en otras ocasiones, pero soy médico. Trabajo como tal, en un hospital, siendo médico residente. Parte de mi trabajo consiste en atender las Urgencias hospitalarias. Y parte de ese trabajo consiste en crear un “tratamiento de observación”. O lo que es lo mismo, que personal independiente a mí, pueda obedecer según mis órdenes, sin estar yo presente. Un sistema. Crear leyes. Algo tan intuitivo como “dar paracetamol si fiebre”, debe quedar por escrito, puesto que soy el único en ese eslabón, como médico que soy, que puede tomar la decisión de administrar un fármaco tan sencillo como ese. Porque se supone que soy el único que tiene el conocimiento suficiente como para entender que en esa circunstancia, el paracetamol es seguro. Es una tontería per se, pero es una tontería que funciona.

Y eso es, con una formación de seis años en universidad, una formación para un examen MIR, y ante un paciente individualizado. No una generalización.

No quiero ni imaginarme cómo sería coordinar un sistema educativo.

Es un sistema, con todo lo que implica. Es imperfecto, lo cual creo que lo he añadido como algo obligatorio en todo sistema de semejantes dimensiones, pero, dentro de su imperfección, hemos demostrado que, en algunos casos, funciona demasiado bien.

De hecho, quiero que pensemos en el sistema como su inicio y como su intención básica. Cuando se creó, la finalidad principal era crear un sistema que permitiera que la mayoría de la población conociera los conceptos básicos de escritura y aritmética, así como algo de conocimiento sobre el mundo que nos rodea. No como un incentivo para que las mentes brillantes llegaran lo más lejos posible, sino como algo para que las mentes más estúpidas y escandalosamente simples consiguieran llegar a entender la comunicación escrita, y que entendiera de una forma u otra, cualquier texto que pretendiera leer. Que pudiera obtener una información más allá de lo que oye, y crear una independencia a la hora de obtener nuevas fuentes de conocimiento. Quizás me equivoque, pero ese era el objetivo de la educación básica.

Ahora resulta que, con el incentivo de la telefonía móvil, todo el mundo considera que la comunicación escrita es algo que merece la pena.

El caso es que, siendo ese el objetivo de la educación pública, tenemos un problema secundario a subsanar. Hay mentes brillantes. Hay mentes que empapan el conocimiento. Hay mentes que no pueden quedarse viendo cómo esas mentes más torpes necesitan de la memorización activa o la mecanización constante para aprender a resolver esos enigmas básicos (aquí quiero hacer referencia a Quantum Fracture en el siguiente vídeo https://www.youtube.com/watch?v=iEb9L2CMjr0 que señala ese obvio error en el sistema educativo actual). ¿Qué hago mientras los demás aún se encuentran siendo capaces de entender el mecanismo (mediante mecanización) de cómo funciona una división entre dos cifras?

Hay una solución muy sencilla, pero de gran controversia social (a mi juicio, hay que valorar el riesgo-beneficio en determinados aspectos) que sería separar a quienes tienen la mente más ágil con respecto a los que no. Pero es difícil. Extremadamente difícil, en la mayoría de los casos. Que un determinado profesor explique un determinado aspecto de las matemáticas puede hacer que dejes de entenderlas en su totalidad, y solo con eso ya has perdido esa ventaja que tenías hasta el momento.

O lo que es lo mismo, no hay solución si queremos que todos sigan en el mismo barco.

Y el sistema educativo español, decidió crear un segundo barco. Decidió determinar, en un momento, quién merecía permanecer en ese barco y quien no. Una reválida. Una selectividad. Una prueba con LAS MISMAS CARACTERÍSTICAS PARA TODO EL MUNDO, como resumen de la idea. O lo que es lo mismo, valorar de una forma, más o menos objetiva, quien debe continuar por ese camino y quién no.

A mi juicio, un gran acierto. Y lo dice alguien que ha pasado un año más del que debería preparando un examen de ese tipo, el examen MIR, y que sabe lo duro que es pasar un año invirtiendo tu tiempo en estudio para después “vomitarlo” en un examen, y que ese esfuerzo quede en nada, y tener que repetir, otro año, ese mismo esfuerzo, con la intención de que esa vez tu estómago sea más grande que el año pasado, y el vómito sea más prolífico que la vez anterior. Es una agonía.

Pero seamos justos, eran unas condiciones a las que se enfrentaban todos y cada uno de los candidatos. Todos sabíamos qué era lo que teníamos que hacer. Y se nos agrupó ordinalmente. Había un número 1 en la promoción en la que yo acabé siete mil cuatrocientos y algo. Había siete mil cuatrocientos y algo personas mejores que yo que habían jugado al mismo juego. Y hay que admitirlo.

Y eso es lo que supone un examen. Quizás en los profesores novatos no quede tan evidente, pero un profesor con experiencia no os está juzgando respecto a los de vuestra clase únicamente, sino con respecto a todos los alumnos que ha tenido en su haber. Ese 9,9 que no transforma en 10 puede darse porque no seáis como ese alumno de 10 que tuvo en el pasado. Porque os está comparando. Porque os da valía con respecto a un parámetro conocido para todo el mundo.

Sí, es cierto que hay muchas más características que se pueden evaluar. Y muchas formas, incluso con la metodología del examen, de comprobar la adquisición de conocimientos. Yo, como médico, considero completamente absurdo la memorización de un estadio TNM, por poner una clasificación de uso muy habitual en la medicina. Por el simple hecho de que es muy fácil de consultar.

Pero, ¿qué evalúas? ¿Cómo creas unas condiciones similares a entender realmente el ciclo del agua sin preguntar, directamente, el ciclo del agua? ¿Cómo lo harías, para, no pongamos la totalidad de alumnos españoles, sino una muestra de mil, para saber que realmente han entendido el ciclo del agua? ¿O es que no es importante entender el ciclo del agua? ¿Se puede consultar ese conocimiento? ¿Debería obviarse para obtener otros conocimientos posteriores?

Quiero llegar aquí al siguiente problema al que se enfrenta el sistema educativo: ¿Acaso para ser abogado tengo que conocer el ciclo del agua? ¿O para ser informático? Lo responderé con otra pregunta: ¿Acaso todo muchacho de 15 años sabe qué hacer con su vida? Porque a lo mejor quiere ser abogado… medioambiental. O quiere ser informático… de un motor de videojuegos ultra realista. O a lo mejor no sabe qué quiere hacer. ¿Deberíamos forzar una temprana especialización?

Así que volvamos a la premisa que se plantea de nuevo, esa de la memorización como única vía. Esa del vómito de información.

Otro de los vídeos que me han inspirado definitivamente a crear esta reflexión sería este de Jaime Altozano: https://www.youtube.com/watch?v=ny61lc2xiZk . Para aquellos que ya piensan que este tocho es suficiente como para ver un vídeo de media hora al respecto, os hago un resumen del punto en el que yo quiero hablar: hay un momento en que sugiere la utilización de vídeos para ampliar ese conocimiento (que para él era inservible el que recibía en clase [es un resumen obscenamente corto, pero es el concepto básico]).  No voy a hablar de viabilidad, solo de conceptualidad:

El problema es el del inicio. Es una ética de mínimos lo que mide el sistema educativo. Hay que evaluar ese mínimo. Hay que hacer una forma para que, aunque no se quiera, se sepa un mínimo. Aun en contra de la voluntad de todo el mundo.

Quiero decir, un muchacho de 12 años no entiende la importancia de un logaritmo. No entiende lo fundamental que es resolver la mecánica cuántica para poder viajar por el universo. Ni entiende que el inodoro ha sido el invento que más vidas ha salvado. Y oye, se lo puedes explicar a aquel que quiera aportar ese pedacito al mundo. Pero es que, si no quiere escuchar, no escuchará. Porque Marte está lejos, se va a seguir usando el inodoro aunque no sepa su importancia, y los logaritmos son de cuarto de la ESO. Porque si una persona de 26 años no entiende que debe perder 20 kilos de peso para evitar morirse de una forma dolorosa dentro de otros 26 porque le supone un esfuerzo… bueno, no voy a continuar la comparación.

Y bueno creo que ya he hablado de más. Porque supongo que es un tema demasiado extenso como para…

Bueno, una conclusión: por supuesto que tiene cosas mejorables. Aunque se creara perfecto, en unos años quedaría obsoleto y consecuentemente mejorable. Pero el sistema educativo ha hecho que no importe de qué seas hijo para llegar, por ti mismo, a las conclusiones de que ese sistema educativo es incompleto. Lo cual, creas que no, es una gran hazaña.

Las palabras tabú

Como mezcla de mi tiempo y de mi pasatiempo, la comunicación tiene un aspecto importante en mi vida. Las palabras designan ideas, que de una forma más compleja se acaban agrupando en oraciones para que correspondan a ideas aún más elaboradas, con un significado inteligible para cualquier hablante del mismo idioma. Por eso mismo, me resulta llamativo que existan palabras tabú, y lo que supone en la vida.

Hablo desde mi experiencia personal como profesional médico al contar (solo muy vagamente) la siguiente historia.

En la consulta en la que asistía hace un tiempo se dio el caso de que diagnosticó un tumor maligno. Un cáncer. La certeza no era absoluta, pero la sospecha era muy alta. Vaya, que de la misma forma que si tienes mocos en la nariz y una tosecilla seca, lo más normal es que sea un catarro. Así que, el médico a cargo de esa consulta, se dispuso a informar sobre la noticia al paciente.

La noticia fue, aproximadamente así: “mira, tenemos una mancha, que parece que capta, pero que según informan puede ser que se trate de una infección. Ha crecido, pero tampoco es que eso sea que signifique que sea malo. Solo vamos a repetir la prueba para ir viendo la evolución”. Esa fue la información que recibió el paciente.

A lo cual, el paciente sonrió y dijo que lo que hiciera falta.

“Además, vamos a hacer una prueba para estar seguros. Puede molestar… (detalles de la prueba). Con eso ya nos quitamos completamente de dudas.”

A lo que el paciente, volvió a sonreír, y volvió a decir que lo que hiciera falta.

“Pues nos vemos cuando le den la cita”.

No se asusten por el apartado técnico. La cita no fue a los 6 meses ni nada por el estilo.

El caso es que una vez que el paciente se marchó, con intención de explicarme lo que había sucedido, el médico me explicó la situación.

“A ver, lo más probable es que sea un tumor. Agresivo, por como crece.”

Esa explicación me sobraba, pero me llamó la atención el gesto.

Me llamó la atención porque implicaba que, por la forma en la que lo había dicho, él mismo sabía que no había quedado clara la información. Le reproché eso. A lo que me respondió con mucha seriedad: “No se pueden utilizar las palabras de contenido emocional, porque puedes inducir una mala respuesta”.

Una palabra tabú. Una idea. Un concepto. Con mucha carga emocional para que se pueda decir, al menos, hasta que no se tenga absoluta certeza. Ni nada parecido. Ni siquiera un problema. Ni siquiera que la cosa no pinta bien. Lo importante era que no se crearan conflictos.

Y hasta aquí, puede parecer que estoy criticando el método comunicativo de mi compañero, pero ni mucho menos es eso lo que estoy haciendo. No él, como médico. Sino la sociedad, con las cargas emocionales. Que haya tanta presión externa que no se pueda decir la palabra “maricón”, y ya tampoco “gay”, sino homosexual (que la prefiero a gay por sus raíces grecolatinas) por su contenido emocional, pero que después se hable tan abiertamente sobre el secuestro y asesinato de un niño, me hace pensar que somos cínicos, y que ante la posibilidad de que una palabra pueda afectar a nuestro entorno, somos capaces de dar tanto rodeo que, a la hora de la verdad, uno tenga en duda de si el concepto que quería transmitir era realmente el que se ha transmitido.

No quiero con esto que comiencen a pensar que su médico les está ocultando que tienen un cáncer. Quiero que piensen, como comenzaba esta entrada, hasta qué punto hemos dejado de ser prácticos en el lenguaje para amoldarnos a lo que se puede entender si digo algo, y no a que se adapte a lo que realmente quiero decir.

 

Variaciones de un tema

Algunos sabrán que estoy trabajando en la banda sonora (y el guión) de un videojuego. La verdad, me resulta interesante el desafío que supone escribir y componer algo similar, ya que las decisiones no las tomo yo, sino el jugador, y debo cambiar muchos detalles para conseguir el efecto que quiero.

Eso me obliga, por supuesto, a crear alternativas de diálogo dependiendo de las decisiones del jugador. Pero el mayor reto ha sido crear variaciones musicales según las decisiones del jugador. Aquí os pongo un ejemplo que, curiosamente, no depende del jugador, pero que me ha resultado significativo al respecto.

 

 

 

Espero que os guste

La Burbuja de la Educación

Por más que he intentado buscar, no he encontrado con total certeza quién fue el autor original de “la historia se repite”. Pero el caso es que parece que estamos condenados a repetirla, pese a las terribles consecuencias que se han dado después de esa repetición.

Creo que todo el mundo recuerda la burbuja inmobiliaria. La recuerda de forma que todos miramos la subida de precio de los pisos de nuevo con miedo a que vuelva a suceder algo parecido, porque sabemos que “la historia se repite”. Pero seamos justos. En la mayoría de las ocasiones, los seres humanos no somos tan estúpidos. Generalmente se repite de formas sutiles. Si no, sería fácil eludirla.

En mi humilde opinión (puesto que de economía y de ciencia sociales mis conocimientos son muy limitados), la nueva burbuja que estamos ignorando, y que alimentamos de una forma similar a la que alimentábamos las burbujas con nuestras compra-ventas, es la educación. Es más sutil, pero, seamos justos, usa el mismo sistema de compra-ventas, de una forma más personal:

¿Acaso no están conviertiéndose las titulaciones secundarias en algo obligatorio conforme va avanzando el tiempo, restándole importancia a las titulaciones de “Grado”? Y no estoy hablando solo de Másters, que, siendo los que iniciaron esta creciente subida de precios de la formación, sino de “cursillos”, completamente inútiles, cuya única función es añadir puntos en la bolsa de empleo a cambio de dinero.

¿Cuántos, nada más terminar una licenciatura o un grado, sin ningún mérito adicional, han encontrado trabajo en menos de un año, que es cuando se supone que los conocimientos se encuentran frescos y listos para especializarse en un trabajo relacionado con el estudio? La verdad, no lo sé. Sé que las estadísticas están manipuladas, puesto que los Médicos encontramos trabajo el 90%… eso es porque consideran que el MIR es un trabajo, cuando realmente son prácticas pagadas.

Y, por supuesto, como prácticas que son, te dejan vendidos a una bolsa de empleo que depende de cursos, y Másters, y otras tantas necesidades técnicas que el el gobierno quien decide cómo de válidas son. Por ejemplo, si estudias un “experto” en puericultura siendo médico de atención primaria, no es válido, pese a que en tu trabajo en un pueblo en el que no hay pediatra cuatro días a la semana, veas niños durante esos cuatro días.

Es una burbuja incipiente, a mi juicio. Le queda mucho por explotar. Aún está en la fase de corromperse, como bien nos han demostrado los casos que se investigan en Andalucía. Pero la historia se repite. También comenzó así, con casos como los de Gil en Marbella, la burbuja inmobiliaria.

Yo soy demasiado cobarde como para hacer algo más que señalar. Pero espero haber señalado a otro un poco más valiente que yo.